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 EL NAVEGANTE

   Capitulo 1

   Postal Panoramica

   Capitulo 2

   Una Noche en el Bar Saddan

   Capitulo 3

   Trasnoche Che

   Capitulo 4

   Amanecer en la Ribera

   Capitulo 5

   A volar mi amor

   Capitulo 6

   Inter Record Gap

   Capitulo 7

   Respuestas las pelotas

 

RESPUESTAS LAS PELOTAS

Llegando a la avenida Paseo Colon, doblo hacia la derecha, si mal no recuerdo es el camino que conduce a la Boka. Unos pocos automoviles circulan con carrocerias casi desarmadas por los años.

El contorno de la ciudad se va modificando en cada cuadra que avanzo, un enorme parque a mi derecha deja ver un penoso cartel casi ilegible que dice que aca se fundo la ciudad de Buenos Aires.

Adelante mio una mole se va haciendo cada vez mas grande, ya a unas pocas cuadras algunas pizzerias dejan claramente a la vista que estoy en las proximidades de la cancha de boca.

Cuando llego a la bombonera aun retumban sus tribunas, con solo cerrar los ojos recuerdo esos momentos donde gritos dejaban sin habla a los hinchas, llantos bañaban de lagrimas las escaleras, y la pasion era el denominador comun de cada persona que asistia a los partidos. Indudablemente el futbol actuo por decadas como termometro de la sociedad. Muchas cosas podian olvidarse o no verse tan solo por el futbol.

Pasando por cada uno de los lados de la bombonera veo las boleterias con sus caracteristicas rejas, carteletes de popular local, platea alta y otros asignados a la señaletica se encargaban de orientar la masa, hoy cuelgan desgarbados perdiendo el horizontal colgando de un clavo oxidado. Una simple omision o un descuido podia provocar una catastrofe, como el de la puerta 12, por la que estoy pasando en este instante. Las rejas estan abiertas hacia fuera y el viento la mece hacia los lados con un rechinar parsimonioso e irresistible.

Detengo mi marcha y dejando la moto a uno de los costados, ingreso al estadio, no sin sentir una rara emocion que eriza mi piel. Me hundo entonces por uno y otro pasillo, a mi paso restos de ladrillos y huecos en las paredes lo hacen aun mas desconcertante. Creo que estoy ahora en el sector de los vestuarios y apenas a unos pasos logro ver el tunel que conducia a los jugadores al campo de juego.

El tunel desciende unos cuantos escalones y despues la pendiente se invierte dejando ver del otro lado el cielo, delineando la tribuna coloreada de butacas azul y oro.

Un temblor invade cada musculo de mi cuerpo, cierro los ojos y hasta puedo escuchar los gritos de la tribuna, hasta puedo sentir la lluvia de papelitos en mi cara. Al abrir los ojos sigo sintiendo algo en mi cara, me paso la mano y una sustancia blanquecina me dice que hay palomas por la zona.

Una pelota vieja golpea mi pierna y escucho un griterio a mis espaldas. Inmediatamente giro y veo a un grupo de personas del cual uno me grita, ¿Nos falta uno te prendes?.

Miro fijamente la pelota gastada, y con mi pierna derecha la pateo hasta donde esta la gente, inmediatamente despues corro respondiendo que aceptaba la propuesta para incorporarme a alguno de los equipos.

 

-         Bueno, me dice el que tenia la camiseta de Boca con el numero 10 en la espalda. Yo soy el Diego.

-         Yo soy Nav. Respondo.

-         Te presento a los muchachos, Cani, Colo, Mono, Pocho, y todos los demas, que ya los vas a ir conociendo.

-         Saludo levantando mi mano levemente.

-         Y Bue, dice el Diego, ¿jugamos o no?

-         Vamos respondo.

-         De que jugas.

-         Te aclaro no soy de lo mejor, pero me gusta adelante.

-         Dale, veni juga pa nuestro equipo. No importa como juegues si total venimos a divertirnos un rato nomas.

 

Y ahí nomas comenzamos un picadito de lujo en la bombonera, hay que reconocer que el pasto del campo de juego estaba un poco desmejorado pero el entorno hacia olvidar esos pequeños detalles.

El Diego se para en el centro de la cancha, mira a todos como dando a entender que empieza el juego y saca.

Con una sucesion de pases y marcas el Diego demuestra una habilidad importante, pero a uno de los muchachos del equipo contrario no le gusto mucho el caño que el Diego filtro entre sus piernas, y lo bajo.

Todos corrieron hacia el lugar de la falta, gritando cosas como “Que mal que le hace esto al Fútbol Argentino” “Vamo a ver el Telebin” y cosas parecidas.

Ándate Cabezón déjate de joder, así no se puede jugar, decían en coro desafinado. Queres quedarte a jugar o vas a pegar patadas a cualquiera que te gambetee. Diego mientras tanto se encontraba en el piso tomandose su pierna izquierda, a su lado Cani lo ayudaba a levantarse.

Diego lo mira al cabezon y le dice “No seas boludo Che”. Vamos que sigue el juego.

La pasión demostrada por el Diego en cada toque que le daba a la pelota, la magia de cada uno de sus pases, y el brillo de sus ojos al patear con la zurda nos hizo olvidar rápidamente del altercado, por otro lado hecho común en cualquier picadito de barrio.

Al rato de jugar el cansancio se hacia sentir ya en las piernas, una jugada me obliga nuevamente a subir acompañando al Diego, por la izquierda el Cani desborda casi hasta el fondo, Diego se acerca, Cani se la toca, Diego recibe, gambeta a uno, gambeta al otro y de vuelta para el Cani. Este levanta la cabeza y me ve. Yo solo frente al arco, veo venir el esferico justo hacia mi frente, me preparo para cabecear, apunto a la izquierda del arquero, y magicamente la clavo en el angulo superior derecho del arco.

Que momento!!! Pienso mientras doy saltos locos y abrazo a mis compañeros, hasta imito un festejo con la tribuna ausente.

Despues de la euforia y 30 minutos de juego, me doy cuenta que no puedo correr un solo metro mas. Diego nota mi cansancio y me dice, ¿Estas bien Nav?, la verdad que no respondo jadeando.

Salí y quédate tranquilo que a estos los podemos hasta con 6 en la cancha, pero ahí esta el loco además, seguro que se quedo dormido.

Corre unos metros hacia el lateral y le grita ¡Dale Palermo! Apúrate, veni.

Me cruzo con el loco cuando estoy saliendo y me saluda golpeando su mano con la mia, sus botines rojos me llaman la atencion.

Tratando de recuperar la respiración, recostado sobre el pasto, miro con atención cada una de las jugadas de los Xeneises,  Hacia mucho tiempo que veía un partido de fútbol, y realmente nunca lo había hecho en este estadio.

En un momento Diego toma la pelota y sale corriendo por la derecha desde su campo de juego, deja parados a 5 contrarios y remata al arco un cañonazo imparable. Mi festejo me recuerda imágenes de algún partido en un mundial mexicano.

Miro distraidamente mi reloj que marca las 3 de la tarde, y recuerdo mi objetivo, encontrarme con el viejo, el misterioso hombre de las respuestas sin preguntas.

Saludo con mi brazo en alto a los muchachos que casi sin parar de correr me devuelven amablemente el gesto. El eco de los gritos y cargadas retumba por el tunel gris, mientras salgo veo como un grupo de niños desarman lo ultimo que queda de mi moto, si de esa que tome prestada. Dadas las circunstancias no queda otra cosa por hacer mas que caminar, y alli voy derecho hacia la Vuelta de Rocha, me guio por la estructura metalica del viejo puente de la boca.

Camino por entre las casas coloridas, con sus paredes de chapa acanalada y entre las rejas descubren corpiños y calzones que asoleándose ventilan su existencia y la fisonomía de su propietaria también. Subiendo y bajando por las veredas y sus escaleras irregulares siento que se aproxima el lugar de las respuestas.

Un grupo de chicos esta apedreando a un gato que corre raudamente por la cornisa, mientras un viejo de larga barba blanca enciende por enésima vez su pipa tallada en raiz.

Dando la vuelta y ya contra el riachuelo, veo un galpon peculiar, que llama a mi mirada y me deja sin aire. Nunca es mucho tiempo, pienso mientras me acerco a la entrada.

A mi derecha una hermosa morocha de labios rojos, me mira mientras el humo escapa de su boca, una mirada comercial seguida de un gesto de su mano me invitan a acercarme. Y yo, voy.

 

-         Hola, me dice pausadamente, mientras sus piernas se inquietan.

-         Hola, respondo y siendo honesto un poco caliente ya.

-         A donde vas tan meditabundo.

-         Estoy buscando a alguien

-         A quien buscas, yo creo que ya me encontraste.

-         No, no, digo sonriendo levemente, estoy buscando al viejo.

-         Sobre gustos, dice entre risas.

-         No, no me entendes, estoy buscando al viejo, tengo que hablar con el.

-         Mira aca hay solo viejo, se llama Responso, pero sigo insistiendo que yo soy mas divertida.

-         Te juro que no lo dudo, pero podriamos dejarlo para despues.

-         Como quieras, igual para vos es gratis, pero anda y golpea en ese galpon.

-         Chau... Gracias ...

-         Marlena Rioba...

-         Chau Marlena Rioba, gracias por tu ayuda.

-         Placer.

 

Mientras mis manos tiemblan y transpiran, veo la puerta mas grande ya, la forma del edificio es la de un viejo astillero con techo de chapa y tirantes de madera, desde la entrada unos rieles oxidados conducen al río descendiendo por una rampa.

Por unos instante me quedo inmóvil casi sin respirar, de repente siento una sensación extraña, una mujer a mi lado me mira. Vestida con Jeans y una campera de cuero deja al viento sus cabellos castaños. Levanta sus anteojos hasta su frente y descubren dos inmensos ojos marrones. NdA (Si marrones, me gustan los ojos marrones ¿y que?, Podria haber puesto, verdes, celestes, violetas, pero no, me gustan marrones).

La miro, y a esta altura, desconfiando hasta de mi sombra, casi no me atrevo a hablar, pero no hizo falta ya que ella empezo, con el tipico Hola.

 

-         Hola, respondo

-         Te vi desde la esquina y no se porque me tuve que acercar a vos.

-         Anda a cagar, mientras me rio.

-         Porque te reis, boludo, ya estoy podrida de que me pasen cosas que no entiendo.

-         ¿Como a vos tambien?

-         Si yo tambien, idiota, te juro que ya no se que carajo hacer.

-         Bueno yo tampoco, te confieso.

-         Pase la noche encamada con un tipo que a la mañana no sabia mi nombre. busco respuestas de frases pelotudas, la gente esta cada vez mas loca.

-         ¿Y vos porque viniste aca?.

-         Anoche un viejo me para y me dice que venga a un lugar al que todavia no se como llegue.

-         ¿Y que mas te dijo el viejo?

-         Nada me dijo que el tenia las respuestas.

-         Y bue, entonces creo que tenemos que entrar.

 

Abrimos lentamente la puerta de chapa, al correrla la proa de un barco parece venirse encima nuestro. El ambiente oscuro del galpon se mezcla con el aroma de masilla epoxi, pintura y cualquier otro olor desagradable que se les ocurra.

Por el fondo se ve un claro de luz natural, algo asi como un patio interno o un jardin. Esquivando tablones y herramientas llegamos hasta un muro de enredaderas, transpasandola aparece el viejo sentado en un sillon.

 

-         Llegaron, dice sonriendo

-         Si llegamos respondo.

-         Bueno, ya era hora.

-         Si creo que tenemos muchas preguntas para hacer sobre nuestro destino.

-         A si si, el destino. Dice trabajosamente mientras tose.

-         Contame porque no hiciste venir acá.

-         Porque tengo algunas cosas que contarles y otras que no.

-         Vamos no se va a poner misterioso ahora.

-         No ahora me toca decir algunas cosas, por ejemplo el barco que esta en el galpón es de Uds. ese es mi mejor legado.

-         ¿Ese barco es nuestro? Y para que.

-         Ese barco es para que puedan viajar y asi aprender.

-         ¿Aprender?

-         Si aprender a vivir.

-         Y que hicimos hasta ahora.

-         Aprendieron a preguntar. Contesta tajante.

-         Te juro que cada vez entiendo menos.

-         Suele pasar, dice entre risas. Ahora escuchen atentamente mis instrucciones. Abran las puertas del astillero, saquen las trabas de los rodamientos y con el malacate tenso empujen lentamente al barco hasta el agua. Todo lo que hace falta ya esta a bordo. Comprendido.

-         Pero si no sabemos nada de barcos ¿cómo vamos a navegar?

-         No te preocupes ya lo aprenderás. Además no hay muchas opciones, la revolución ya empezó y con suerte se morirán todos.

-         ¿Que revolución?

-         La re revolución, algunos de estos pelotudos desmemoriados tienen en los genes algo de inteligencia. No hay peor cosa que vivir sin aprender de los errores pasados, no se saben ni el ayer, nunca piensan en mañana y dicen pavadas aprendidas de recortes sobrevivientes de la ultima revolucion esa que inundo al pais entero por el efecto invernadero.

-         Bueno entonces que hacemos nosotros aca.

-         Estan salvandose porque piensan y tienen memoria. Y ahora basta de preguntas y a botar al Sapiente.

 

Siguiendo las instrucciones del viejo Responso botamos al Sapiente a las inmundas aguas del Riachuelo. Sus 45 pies de eslora y su rigides quedan expuestas en cada uno de sus detalles. Su mastil parece acariciar los pajaros curiosos y hambriento. Mientras cerramos las puertas del galpon el viejo se sienta en su sillon pausadamente.

 

-         Y bue dice apagadamente.

-         Bueno ahora responde nuestras preguntas.

-         No no, dice meneando la cabeza.

-         Como que no repetimos a coro.

-         No no, ahora puedo morir.

-         Como que podes morir.

-         Si morir. Dice cerrando sus ojos.

-         Para, no te podes morir ahora, digo mientras lo agarro de sus hombros.

 

La cabeza del viejo Responso cae hacia un lado y su cuerpo queda tendido fláccidamente en el sillon.

 

-         !Se murio!, el viejo de mierda se murio nomas. Grito alterado

-         No puede ser, dice la chica.

-         Si te juro que se murio. ¿Cómo te llamas?

-         Kali, responde mientras toma la mano de Responso y la suelta.

-         Y ahora quien carajo nos responde.

-         Mira dice Kali, ahí hay un sobre.

 

Tomamos el sobre apresuradamente u lo abrimos con la desprolijidad de un niño en el dia de su cumpleaños.

 

Queridos Nav y Kali

 

        Lamentablemente las respuestas no se las pude responder, como es obvio tampoco se las podré responder en este estado. Por los últimos 10 años he estado construyendo al Sapiente, tiene todo lo que hace falta para que partan.

        No les queda mucho tiempo en una sociedad como esta en donde nadie se recuerda, nadie sabe su origen y el no pensar los convirtió en animales salvajes que no saben que hacer.

        Uds. no son los elegidos, simplemente creo que entre un mar de coincidencias uno tiende a pensar en lo místico y predeterminado por el destino escrito. Si no les doy respuestas es porque no las tengo ni las tuve, entonces la única que les queda es responder sus propias respuestas y lamentablemente comunicarles que su destino no esta escrito y por lo tanto no podré adelantarles absolutamente nada. Uds. Serán los encargados de elegir el brazo del río que quieren recorrer, segundo a segundo, minuto a minuto, día a día, año tras año. No dudo de su capacidad de razonamiento e inteligencia.

        No es casual tampoco que sean dos, creo y esto puedo asegurarlo, será muchos mas divertido para ambos.

        Sin mas que transmitirles y en espera de una buena travesía y un prospero aprendizaje. Los Saluda afectuosamente el viejo Responso.

 

-         Que lo parió, digo mirando a Kali

-         Vamos dice ella, mientras toma mi mano.

 

Ambos subimos al Sapiente, preparamos las velas, encendemos el motor y dejamos atrás la amarra.

Detrás nuestro, un reflejo serpenteante  difumina entre restos de petroleo y aceites multicolores nuestro andar.

Nos abrasamos y nos quedamos mirando la silueta de la ribera de la boca, el galpón se destaca del resto por las ondulantes llamas que lo envuelven.

Algunos vecinos intentan en vano apagar a valdasos, las rojas y humeantes flamas que se elevan como arcos góticos. Las chapas se retuercen formando esculturas abstractas, las paredes se desploman y de nuestras mejillas corren de a pares lagrimas de sal. El viejo Responso tendrá como pira funeraria su techo de chapa con tirantes de madera vieja, seguramente tal cual lo había planificado, asi como planifico nuestro viaje y nuestro encuentro. Nunca sabremos con seguridad si su planificación se debe a una mente que puede predecir los tiempos por venir o simplemente es un gran improvisador de actos tácticos con el fin de terminar la partida a su modo.

Una ráfaga infla las velas y arremolina nuestros cabellos, mientras salimos zigzagueando entre restos roídos de buques semi hundidos.

Ya en el antepuerto la silueta de Buenos Aires se torna mas humana, y nos indica, con sus brazos abiertos el camino que debemos seguir. Primero hacia el este, y luego buscando el tropico.

 

FIN