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        GRANDES FILOSOFOS

       Agustin de Hipona

       Santo Tomas de Aquino

       Aristoteles

       Platón

 

 

      EMILE CIORAN 

 Introducción

 Pequeña Teoría del destino

 Los Angeles Reaccionarios

 El Perro Celestial

 El Decorado del Saber

 Genealogía del Fanatismo

 Recursos de la Autodestruccion

 Supremacía de los adjetivo

 El diablo tranqulizado

Dijo Cioran una vez: "El único mérito de los filósofos es haberse ruborizado, de vez en cuando, de ser hombres. Platón y Nietsche son una excepción: su vergüenza no cesó jamás. El primero intentó arrancarnos del mundo, el segundo hacernos salir de nosotros mismos. Ambos podrían dar una lección a los santos. El honor de la filosofía queda así salvado".

Puede decirse que Cioran ha salvado el honor de la filosofía de hoy. Nadie ha sido tan inexorablemente escéptico y desesperanzado como él. Nada de medias tintas y giros lingüísticos. Sobran razones para desesperar. Y sin embargo nadie como él tuvo tanto decoro ante la desorientación y el sinsentido. Hasta para desesperar hay que tener decencia.

Se atrevió a decir lo que muchos pensaron y no dijeron. Dijo, por ejemplo, que la universidad de hoy -la institución, se entiende- es el espíritu enlutado. No tuvo reparos en afirmar que la filosofía académica, la oficial, es la antifilosofía y que hay que huir de ella. Por eso no ejerció nunca la cátedra. Para hacerlo hay que estar convencido de tener algo que decir, algo de provecho para los jóvenes. De ahí su afirmación de que el escepticismo es el coraje supremo de la filosofía.

En un mundo tan «interconectado», Cioran construyó su propio retiro, anacoreta entre calles y edificios, monje a su modo.

Estaba convencido de que para vivir relativamente tranquilo hace falta un cierto grado de mentira y mantener la lucidez a raya. Toda sociedad, dijo, no soporta más que un cierto grado de verdad.